HOY ES DOMINGO

En una noche sin sueño, de esas que el poeta canta,
cansado de trillar solo en la parva de su cama,
para encontrarse con gente se asomaba a la ventana,
fuertes rugidos de pena salían de su garganta.
No vio a nadie por la calle hasta bien de madrugada,
solo el ruido de algún coche desbarataba su ausencia
partiendo en dos el silencio, despertando su conciencia.
¡Qué soledad más aislada!, ni siquiera un grillo hay que estridule su tonada.
Así fue, noche tras noche, así un día y otro día,
nadie ha llamado a su puerta desde que perdió la hacienda,
ni los que antes le adulaban ni a los que daba prebendas.
Solo un gato y un canario aceptan su compañía.
Compró lujos y placeres con bolsillo desprendido;
con las perras que arrojó al cauce de las propinas,
hoy bien podría comprarse una finquita con casa, huerto, pozo y hasta encinas,
y una calesa plateada, con su caballo enjaezado y de sedas guarnecido.
Sentado en el parque un día le oí decir de improviso:
Tengo que cambiar de aire y asegurar mi retiro,
lejos de esta gran ciudad que yo ya no necesito,
lejos de la muerte lenta que esta ciudad me ha prescrito.
Mañana por la mañana intentaré buscar algo y sí, lo haré sin respiro,
saldré huyendo cualquier noche sin dejar un previo aviso.
Le gustaría tener una casita pequeña en cualquier pueblo tranquilo,
con chimenea de leña que a la cocina dé abrigo;
donde aderezar sus sopas, freír panceta, chorizo
y huevos de sus gallinas, todo lo que el buen Dios hizo;
y de la sartén al plato, en la mesa del chamizo,
fumarse una buena pipa y ¡a vivir!, que hoy es domingo.

Envuelto en estos pensares ligero el día se ha ido;
a la noche va sin miedo porque el mañana está escrito.
Le escuché decir muy bajo: Mañana por la mañana pondré en venta mi pisito
y con las perras que saque me cambio, a Dios se lo pido.
A la mañana siguiente, a las doce las ventanas aún cerradas las tenía,
cosa muy rara en Prudencio, que espabila las auroras antes de alumbrar el día.
Pero el empacho de anoche de anhelos y fantasías
no lo resistió su cuerpo, vencido ya por la vida,
ni su alma soñadora trinchada por mil espinas.
Murió el domingo Prudencio o el lunes de madrugada.
Murió Prudencio llorando, arrepentido o soñando
con las cosas más sencillas; murió triste, meditando,
con los bolsillos vacíos y a solas con su almohada.